Aún persiste en el mundo moderno la difícil relación que existe entre la ciencia -la realidad-, y la religión -el mito-. Una conversación que tuvieron Eduard Punset y Sam Harris con motivo de la publicación de El fin de la fe, de Harris, me motivó a plantear una vez más esta cuestión. Sin duda, uno de los asuntos más interesantes propuestos por el filósofo norteamericano es que nuestras creencias seguramente están estrechamente relacionadas con la estructura del lenguaje y con la estructura aparente del mundo.
En un párrafo del libro sobre la fe, Harris se pregunta por qué insistimos en creencias que no tienen una evidencia que las conecte con el mundo. Las creencias, explica, deben basarse en las evidencias, es decir, yo acepto una creencia en tanto exista una relación causal. Pongamos, ejemplifica Harris, "que quiero creer que hay un diamante enterrado en alguna parte de mi patio y que es del tamaño de una nevera. Cierto, me sentiría desmesuradamente bien creyéndolo, pero ¿tengo motivos para creer que en mi patio de verdad hay un diamante mil veces más grande que cualquier otro descubierto hasta la fecha? No..." Aquí podemos ver porqué no funciona una idea como "creo en Dios porque me hace sentir bien". Me haría sentir bien tener un diamante como aquél, o creer en Dios, pero ¿hay alguna evidencia?
1 comentario:
Creo que en efecto es difícil vivir con la idea de que esta vida es intrascendente, que el alma no es inmortal. Sin embargo no creo que quien así lo considere se esté autoengañando. Aunque mi contestación pueda ser muy obvia, creo, más bien, que el hecho biológico de estar vivos tiene de por sí sentido. El problema se encuentra, sin duda, en el hecho de que somos conscientes de la vida misma, y aquí es donde aparecen los problemas, porque sin duda también somos conscientes de la noción de pasado y futuro, y de aquí la necesidad de preguntarnos por la trascendencia de nuestra existencia. En esta cuestión hay una especie de libre albedrío en el sentido de que hay muchas explicaciones individuales que tal vez lo único que necesitan para exitir es un público receptor que las apoye o las niegue. Por supuesto, este libre albedrío también depende de las evidencias que se muestren en relación con el mundo. Al final creo que los argumentos para sustendar esa trascendencia dependen del lenguaje y de su relación con la estructura del mundo.
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